Dos veranos, dos inviernos, dos años sin nadar en este blog.
Estuve toda la mañana buscando mis patas de rana, mi snorkel y mis antiparras... todo fue en vano. En la mudanza olvidé traérmelas, y mi "casi" marido no tiene este habito de nadar. Así que vestida, de zapatillas y con anteojos mientras tipéo sonriendo en mi computadora, me lanzo a nadar.
Que lindo se siente de nuevo mojarse con esta realidad!. Sol, viento y vida me suenan hoy a felicidad.
No es idea mía de una nueva conciencia colectiva de espiritualidad, o será que me supe rodear de gente en igual sintonía? El hecho es que he crecido, y con menos gente en el camino me siento más querida y con mucho mas cariño.
Pensar que era tan fácil lograr paz y felicidad por momentos, que no había nada mágico, nada externo, nada extraño, ninguna técnica ni manual, sino solo yo. Pensar que crecí llena de apuro y ansiedad por buscar una felicidad, un momento mas que superara el anterior, y hoy que aprendí a nadar en cada mar circunstancial, les diría a todos los jóvenes que aprendan a disfrutar.
La calma de saber que nada me puede oscurecer, que no hay sufrimiento que no se olvide, que no hay futuro que no se pueda vislumbrar, me dan hoy nada mas que tranquilidad.
Nada de lo que parece definitivo, en definitiva lo es, pues algo ha dejado y algo nuevo traerá. Nada de lo que hoy me enoje podrá enojarme mucho más, pues si en el fondo soy feliz eso no se va a contaminar.
Nada de lo que de hoy doy por sentado es seguro que sucederá, pero nada de lo que no esté segura tampoco sucederá.
Cambié de novio, cambié de barrio, cambié de casa, cambié de carrera, cambié de auto, cambie de algunos amigos, y en este instante cambié el agua de las flores que me autoregalé...mis flores... para que no murieran en el estancamiento y aburrimiento de ese agua ya contaminada y para que pudieran nadar y florecer en agua fresca, cristalina, nueva, renovada, sin preocuparse demasiado por cuanto vivirán pero brillando siempre mientras lo hagan.